Videntes

Cómo reconocer a un buen vidente o tarotista

buen tarot

Cuando se asiste a un vidente o tarotista en busca de respuestas, la primera pregunta que debe hacerse el cliente es si se está poniendo en buenas manos y reconocer la veracidad. Hay cientos de charlatanes que presumen de poderes mágicos y maravillosos, y cuya relación con las ciencias adivinatorias es una fachada.

Como los supuestos mentalistas y adivinos son ellos, y no las personas que los visitan, es muy difícil que alguien sepa de antemano si la persona a la que se va a consultar es de fiar si efectivamente cuenta con la conexión mental y espiritual que le permite leer el pasado y el futuro, o si simplemente se trata de un timador.

A pesar de todo ello, hay claves que permiten seleccionar mejor a los videntes, que en realidad sólo son personas que han desarrollado habilidades especiales y han aprendido a usarlas para entrar en contacto con otras dimensiones y con energías elevadas que le permiten vislumbrar el pasado y el futuro. Veamos algunas de esas claves:ç

Ostentación exagerada de sus poderes

El refrán “dime de lo que presumes y te diré de qué careces” parece cumplirse a la perfección en este caso. La mayoría de las personas que tienen la capacidad de entrar en contacto con otras dimensiones son discretas. Suelen mantener sus habilidades en reserva.
Cuando una persona decide dedicarse a revelar el futuro, lo hace, por norma general, como parte de una misión que le es encomendada y prefiere más la calidad de los clientes que la cantidad. Es más, muchos de ellos ni siquiera trabajan con sus poderes sino que pasan inadvertidos.

El rasgo más importante es un trato de respeto y cortesía, buscando identificarse con los problemas de quienes acuden en busca de consejos.

Falta de humildad en el trato y ambigüedad en sus predicciones

Los verdaderos videntes son humildes y nunca jactanciosos. Reciben al cliente en paz, con actitud positiva y sin hacer aspavientos. Saben que no son ellos la fuente de la sabiduría y que su trabajo es ser el conducto a través del cual llega el conocimiento.

Este es un punto clave: la grandilocuencia y la ostentación de los poderes suelen servir para justificar precios absurdamente altos por una consulta. En estos casos hay que sospechar. Quien se conecta con el conocimiento sabe que el dinero sólo es una forma de relacionarse y que no otorga poderes en el plano espiritual.

El lenguaje del farsante

Un verdadero vidente se expresa con claridad, sin enigmas ni parábolas que puedan interpretarse de múltiples formas. Debe contestar con precisión a lo que se le pregunta y no divagar sin dar respuestas concretas.

Es importante que su lenguaje sea directo. Los impostores esperan a que la persona hable para obtener datos, como un buen detective, y estos datos le permiten elaborar conclusiones y lanzar “adivinaciones” que en realidad son generalizaciones, cosas que corresponden con el tipo de persona que lo visita.

A veces el impostor tiene incluso el descaro de no plantear cosas sino preguntarlas, y pueden ser de lo más genéricas: “¿tiene usted un tío de cabello canoso?” Resulta que casi todas las personas tienen uno. Una buena norma es hablar poco, mantener una expresión neutra y dejar que el vidente desarrolle lo que percibe, no guiarlo.

En el caso de los tarotistas, es más sencillo: en el tarot se ve primero el pasado, así que si hace una lectura acertada en este sentido, es muy probable que la del futuro también lo sea. El grado de intimidad de la revelación suele ser buen indicador de que se dice la verdad.

Contacto físico: apenas el indispensable

Algunas personas que se hacen pasar por videntes acuden al contacto físico para obtener sus “visiones”. Si bien es cierto que existen técnicas como la imposición de manos, también es cierto que ningún vidente honesto pedirá tocar ninguna parte íntima o delicada de su cuerpo.

Sostener las manos o tocar la cabeza del otro son conductas aceptables, pero manosear al cliente o pedirle que se descubra partes del cuerpo constituyen un aprovechamiento perverso de la necesidad de conocimiento con la que llega la gente a su consulta.

Por supuesto, todos tenemos naturalmente un sexto sentido y la intuición es importante en estos casos. Si un vidente o adivinador nos perturba, si sentimos “malas vibraciones”, es preferible dejarlo. El sistema que nos alerta del peligro es mucho más eficiente que la consciencia, por eso sobrevivimos.

Una guía de primera mano para detectar el fraude

Hay tips que podemos seguir para tener una primera lectura de la autenticidad de un vidente:

Contacto visual: mírelo serenamente a los ojos y, si el vidente es auténtico, no rehuirá a ese contacto ni se perturbará.

Dinero: un buen vidente no habla de dinero al comenzar la consulta a menos de que se le pregunte expresamente por ello. Suelen tener una tarifa fija para todos los clientes.

Preguntas: un vidente verdadero no requiere preguntar demasiadas cosas. ¡Es vidente! Si tiene que preguntar constantemente significa que no percibe nada.

Generalizaciones: un vidente auténtico no dirá cosas como “un hombre te mirará en el mercado”. Es sabido que en cualquier mercado abundan hombres y que más de uno podría cruzarse en el camino y mirar. Ese vidente es falso y sólo juega al cálculo de probabilidades.

Presencias espirituales: si en una sesión con un vidente auténtico se presenta el espíritu de alguien que desea comunicarse, lo más probable es que no revele esa presencia. No usará ese argumento para impresionar al cliente porque sabe que puede asustarlo. En cambio, manejará información muy precisa acerca del cliente.

Respeto: el adivinador auténtico es una persona que respeta la vida, la dignidad y el futuro. Jamás utilizará su conocimiento para aprovecharse, más allá de los justos beneficios que obtiene por su trabajo.

La recomendación de amigos en el tarot es importante

Una de las credenciales más poderosas que puede obtenerse es la recomendación personal. Un buen vidente o tarotista lo sabe y por eso cuida esmeradamente a su clientela, la protege. Si usted puede asistir a un vidente que le ha recomendado un buen amigo, hágalo.

Si, en cambio, no puede visitar a quien le han recomendado, sea usted el portador de las noticias tras su consulta con un nuevo vidente. El prestigio es un valor muy importante en el mundo actual.